‘Herbario de Poder, Animalario de Transformación’: un diálogo comunitario entre la ancestralidad y las nuevas generaciones

La literatura y la ilustración unieron su esencia para desarrollar un libro en el que fueron retratadas desde la palabra y los trazos, siete plantas de poder y siete animales patrimoniales.

Ubicada en el suroccidente de la ciudad e identificada como la localidad número 7 de Bogotá, Bosa ha forjado un camino sobre el que ha labrado su historia desde cuando era un municipio hasta convertirse en uno de los territorios más extensos de la capital. El asfalto ha cubierto las huellas de lo que otrora fueran caminos de herradura; sin embargo, la modernidad no ha podido borrar la historia que han escrito sus pobladores. Más allá de algunos titulares de prensa que retratan las dificultades de sus barrios, la comunidad se ha encargado de reivindicar su propio orgullo y los colectivos culturales que han se han desarrollado sobre su suelo, han buscado rescatar la herencia indígena que antecede a la tierra que en lenguaje muisca es definida “cercado del que guarda y defiende las mieses”.

Es precisamente, la labor de los colectivos culturales y sociales y de las organizaciones comunitarias de Bosa, las que se han encargado de desarrollar procesos comunitarios y populares que han retratado desde el arte, la música, la literatura y otras expresiones artísticas, los rostros diversos de la localidad y les han dado voz a los saberes de sus habitantes. Emprendedores, deportistas, artesanos, músicos, escritores, actores y artistas plásticos, han dejado huella en la comunidad y han expandido el eco de sus acciones gracias al trabajo cooperativo y participativo.

Más de 300 barrios, distribuidos en cinco UPZ, conforman la localidad. En cada uno de ellos, a diario, surgen proyectos y se crean experiencias que involucran a la comunidad. Niños y niñas, jóvenes y adultos mayores, han contribuido al desarrollo cultural, social y económico de Bosa. Así lo demostraron los protagonistas que formaron parte de ‘Herbario de Poder, Animalario de Transformación’, un libro escrito de manera colectiva para retratar desde la ilustración y la literatura, siete especies de plantas de poder y siete especies de animales patrimoniales.

Liderado por Colectivo Origami, organización cultural fundada en Bosa, ‘Herbario de Poder, Animalario de Transformación’ es una de las tantas expresiones artísticas que han extendido la huella cultural de la localidad número 7 del distrito y han dejado documentado su proceso con un objetivo: inspirar a otros gestores culturales e investigadores a contar la historia de los diferentes territorios que conforman a Bogotá.

Foto: Andrés Angulo Linares

‘Herbario de Poder, Animalario de Transformación’: ancestralidad y desarrollo económico local

Su color verde es intenso, profundo. En cada una de sus hojas se esconde un fragmento de la memoria de la selva. Su esencia, golpeada por un estigma que la señaló como la culpable de uno de los flagelos más cruentos y lucrativos de la sociedad, aún persiste y se niega a ser contaminada por aquellos que la han profanado. Es la coca, una de las tantas plantas que han sido arrancadas de su significado original, reducidas a un prejuicio que ignora su poder, pretende reescribir su historia y quebrantar su espíritu.

Bajo esta premisa, es posible entender el impacto del proceso desarrollado por ColectivoOrigami. No solamente es la Coca, también el Borrachero, Yopo, Tabaco, Ayahuasca, Yarumo y el San Pedro. No solo es un libro en el que, además, fueron retratados Murciélago, Colibrí, Jaguar, Anaconda, Caimán, Sapo y el Oso de anteojos. Es un concepto comunitario que se aleja de los esquemas algunas veces rígidos de la literatura y las artes plásticas, para demostrar que adentro de cada uno de nosotros hay un artesano que, sin saberlo, encuentra en el arte una conexión simbólica con sus emociones.

Sus autores y autoras, algunos profesionales en literatura o ilustración, otros dedicados a otros oficios y artistas empíricos, fueron, a largo de tres meses, estudiantes que aprendieron a extraer de la naturaleza los insumos para la creación del libro y fortalecieron sus competencias en escritura y dibujo, para devolver su aprendizaje en una obra sensible y necesaria en la que botánica y ancestralidad coincidieron.

El proyecto se coincibió, además, como un proceso que buscaba dinamizar la economía del territorio. Así fue. Sus líderes, Nelson, Ángela y Daniela, a lo largo de las actividades planteadas de en el marco de ‘Herbario de Poder, Animalario de Transformación’, involucraron a emprendedores locales para que fueran ellos los proveedores de los diferentes bienes y servicios requeridos en las diferentes etapas de la construcción del libro. Caza Lectores, espacio cultural de Bosa; Editorial Máktaba, academia y librería local; Eskaparate y Rugidos Disidentes, medios de comunicación alternativos locales; Sofía Ruiz, abogada de profesión y Community Manager de Colectivo Origami; transportadores, proveedores de catering, papelerías y otro tipo de emprendedores, fueron decisivos para la culminación exitosa del libro.

Foto cortesía: Colectivo Origami

Conexión ancestral y tributo a la Pachamama

La coca, la planta sagrada de los ancestros, cuyas hojas, de acuerdo con Andrés Meneses, docente e investigador del Jardín Botánico de Bogotá, podrían erradicar del hambre del mundo, es el punto de partida del proceso comunitario que inició el 27 de enero de 2024.

Está claro que no fue un proyecto comunitario convencional. Aquí, en el corazón del proceso creativo, el papel no solo recibía la tinta, sino el aliento de la tierra misma. El libro ‘Herbario de Poder, Animalario de Transformación’ es una expedición de saberes, un ritual solidario donde la botánica, la palabra y los trazos se encuentran para desafiar los discursos que han intentado despojar a las comunidades de sus símbolos. El proceso desarrollado por Colectivo Origami en la localidad séptima de Bogotá, es una semilla de resistencia; un recordatorio de que la memoria no se marchita en los avatares en la historia.

El proyecto nació con un propósito definido: reivindicar lo que ha sido silenciado. Así fue transmitido a los estudiantes que respondieron a la convocatoria y así quedó demostrado en cada una de las páginas de ‘Herbario de Poder, Animalario de Transformación’. A través de la escritura, del trazo y del color extraído directamente de las plantas, el grupo de artistas, escritores y habitantes de Bosa, narraron, desde sus propias voces y cosmovisiones la relación entre el territorio y sus seres vivos. No se trató únicamente de participar en el proceso como estudiantes, sino de vivirlo, de sentir cómo la palabra y la botánica podían entrelazarse para contar algo más grande que la suma de sus partes.

‘Herbario de Poder, Animalario de Transformación’ no es un catálogo frío de plantas y un inventario académico de animales, es un acto de la reapropiación de la comunidad con la herencia del territorio. En sus páginas, la coca no es mercancía, el tabaco no es vicio y el borrachero no es peligro: son espíritu, conocimiento y conexión ancestral. En sus ilustraciones, poemas y narraciones, es la voz popular la que la habla y es la unión de la comunidad, la esencia que hace que de este libro un legado comunitario, un ejemplo de cómo, desde los territorios, se abren nuevos caminos para documentar la historia.

Esta historia no podría contarse sin los rostros que la hicieron posible. En los próximos párrafos, recorreremos los momentos clave de este viaje: la exploración de los pigmentos naturales, la creación colectiva del libro y el impacto que este proceso dejó en cada uno de sus participantes y la comunidad. Porque más allá de la tinta y el papel, lo que aquí se narra es un pedazo vivo de historia, un fragmento de territorio que se resiste a ser olvidado.

En el proceso desarrollado, la experimentación con los colores fue un diálogo entre el ser humano y la Pachamama; un encuentro generacional con las raíces y un tributo a la ancestralidad. La extracción natural de la tinta, les permitió a los estudiantes entender que la naturaleza no compite con las dinámicas económicas, sino que, al ser tratada con respeto, ella es capaz de proveernos herramientas para el desarrollo de diferentes prácticas apropiadas por las grandes industrias.

Los ilustradores del colectivo no tardaron mucho tiempo en entender que no estaban pintando, sino que estaban creando una narrativa visual en la que la botánica y la escritura se fundían para darle forma a una nueva forma de conocimiento que, en cada trazo impregnado de pigmentos naturales, se iba tejiendo la historia de un pueblo que nunca ha dejado de resistir. Los escritores, por su parte, comprendieron que más allá de la forma de su literatura, estaban extendiendo la memoria de cada planta y cada animal, que en cada línea estaban honrado el origen de cada especie retratada desde la palabra. Así se demostró a lo largo de las cuatro realizadas en diferentes espacios de la localidad y una especial realizada en el
Jardín Botánico.

En Artesanos de la Palabra, los profesores propusieron un diálogo íntimo con los estudiantes, al tiempo que aprendían de ellos y se acercaban a la conexión que cada uno tenía con la Pachamama. Los estudiantes, por su parte, al tiempo que aprendían sobre técnicas de ilustración y aspectos fundamentales de la literatura, fueron creadores en formación cuya recompensa sería un libro escrito e ilustrado por ellos. Los 28 autores, entre escritores e ilustradores, entregaron a la comunidad un libro cargado de significado, rodeado de vida, permeado de ancestralidad.

Foto: Andrés Angulo Linares

Trazos que cuentan historias, palabras que retratan la esencia.

Dividido en cinco sesiones de formación y de creación, ‘Herbario de Poder, Animalario de Transformación’ recorrió la localidad séptima con el fin de descentralizar el proceso y conocer espacios que, aunque no gozan de una amplia popularidad en la comunidad, han dejado una huella notoria en el arte y la cultura de Bosa.

Las cinco sesiones dispuestas para el desarrollo de ‘Herbario de Poder, Animalario de Transformación’, recorrieron, junto a los estudiantes y profesores de colectivo, diferentes puntos de la localidad. Bosa, a lo largo de su historia, se las ha arreglado para reivindicar su ancestralidad y los participantes del proyecto, estaban honrado su herencia. Cada sábado, también, fue un acercamiento a temáticas relevantes para la construcción del libro, entender las dinámicas de la industria editorial, aprender técnicas de extracción de tintas naturales y recorrer la historia de la botánica en el pulmón más importante de Bogotá.

Cinco sesiones: un sinfín de experiencias, saberes y aprendizajes.

En la primera sesión del taller ‘Artesanos de la Palabra Escrita’, se tejió un puente entre la literatura y la botánica. Con la guía de Nelson, Ángela y Daniela, los participantes exploraron la conexión entre mito, ancestralidad y las plantas de poder, abriendo un espacio de creación donde la palabra y la ilustración convergen. A través de ejercicios prácticos, aprendieron además, la importancia de los procesos comunitarios y la fuerza que adquiere el poder popular cuando se deja a un lado las diferencias y se privilegia un objetivo común.

En la segunda sesión titulada ‘Secretos, Magias y Poderes de Algunos Colores Botánicos’, los participantes se sumergieron en la ancestral práctica de extraer tintes naturales de plantas. Guiados por Ángela Ladino, diseñadora de modas y conocedora de técnicas sostenibles, exploraron cómo obtener pigmentos de especies como el yarumo blanco y la coca, resignificando su uso y comprendiendo su valor cultural más allá de prejuicios contemporáneos. La comunidad, como protagonista del territorio, se hace dueña también, de su desarrollo económico

La tercera sesión se llevó a cabo en el salón comunal Nueva Ciudad V, creando un ambiente impregnado de música ancestral y aroma a café. La asistencia constante de los participantes refleja la necesidad de estos espacios culturales en la comunidad. La jornada se centró en la clase ‘Texturas de Plantas y Animales con Plumillas y Pinceles’, donde los estudiantes exploraron el arte de la ilustración y la historia de la literatura. La formación, es una pieza clave cuando hablamos de lo comunitario.

En la cuarta sesión del taller ‘Artesanos de la Palabra Escrita’, los participantes visitaron la Fundación Cultural Máktaba, ubicada en el barrio Naranjos. Esta casa de cuatro niveles alberga una biblioteca con más de 3.000 ejemplares y ofrece un ambiente acogedor impregnado del aroma de la madera y los libros. Durante la visita, los estudiantes fueron recibidos por Said Abdunur Pedraza y Karonlains Alarcón Forero, fundadores de Máktaba, quienes compartieron su experiencia en literatura, investigación y enseñanza. La economía solidaria, de nuevo, demuestra su importancia y deja en claro que, en un mundo globalizado,
los pequeños negocios, tienen la forma de crear sus propias dinámicas.

En la quinta sesión del taller ‘Artesanos de la Palabra Escrita’, los participantes emprendieron una expedición al Jardín Botánico José Celestino Mutis, considerado el pulmón de Bogotá. Tras un viaje desde Bosa El Recreo, llegaron a este oasis verde de más de 195.000 metros cuadrados, donde fueron recibidos por Andrés Meneses, docente e investigador del jardín. La jornada ofreció una pausa del entorno urbano, permitiendo a los asistentes sumergirse en la diversidad natural y conectar con las especies que planean retratar en su libro ilustrado sobre plantas y animales patrimoniales. Lo local, cuando se ejecuta con seriedad, es capaz de transcender a espacios muchos más ambiciosos y globales.

De esta manera, la creación del libro no se limitó al uso de pigmentos naturales, ni al uso de recursos literarios. Fue una conversación entre el pasado y el presente, entre las raíces ancestrales y las nuevas formas de narrar. Fue un diálogo dinámico y un ejercicio donde la economía solidaria, en combinación con las expresiones más sensibles del arte, dieron como resultado una obra desarrollada por la comunidad para la ciudad. Fue una declaración de principios, un gesto de resistencia ante el olvido. Cada poesía, cada cuento, construyó un diálogo simbólico ―necesario y olvidado― entre el ser humano y sus hermanos de otras especies. Finalmente, todo somos hijos de Pachamama.

Para los 28 artistas que participaron en el proceso, esta fue una oportunidad de reconectar con un conocimiento que, en muchos casos, les había sido arrebatado. Aprendieron a trabajar en equipo y a compartir sus saberes con el otro y se acercaron a la esencia que identifica a lo comunitario: la solidaridad y el trabajo mancomunado.

Foto: Andrés Angulo Linares

Un libro que rinde tributo a la memoria y de sembrada la semilla de transformación en la comunidad.

‘Herbario de Poder, Animalario de Transformación’ no solo quedó impreso en el papel, sino también en la memoria de quienes participaron en su creación. Lo que comenzó como un ejercicio artístico terminó siendo un acto de resistencia cultural. Cada página es una afirmación: la memoria está viva, la historia está enraizada en la tierra y las plantas son portadoras de conocimiento.

Su impacto ha trascendido el espacio de formación, las páginas del libro y la misma ciudad, para extender su huella a otros territorios a través de exhibición de las obras ilustradas por los artistas y de los conversatorios que han permitido documentar el proceso realizado por Colectivo Origami.

Algunos de ellos han llevado este conocimiento a sus comunidades, compartiendo lo aprendido y promoviendo nuevas formas de expresión a través del arte y la botánica. Otros han encontrado en este proceso una inspiración para seguir explorando la relación entre la naturaleza y la resistencia cultural.

‘Herbario de Poder, Animalario de Transformación’ sigue germinando. En cada lector que se acerca a sus páginas, en cada persona que cuestiona el estigma impuesto sobre estas plantas, en cada trazo que revive la memoria de un territorio. Porque la historia, como la tierra, nunca deja de florecer.

Add a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *